lunes, 8 de octubre de 2007

LITERATURA - Relato de un autor muy personal para mi

Verde. Me había quedado allí, absorto, contemplando una lámpara verde. Mi cuerpo se desplazó lentamente sur, sureste, norte, recolocando mi centro de masas al otro lado del taburete, y adoptando una postura que, apoyado otra vez el codo en la barra, era simétricamente idéntica a la del inicio, en lo que muchos podrían haber calificado como el esfuerzo humano más ingente desde de la construcción de la pirámide de Keops. Sumido en la más intensa zozobra me preguntaba si me desperezaba de un sueño o estaba adentrándome de lleno en otro.

Southern Comfort, lámparas verdes, densa niebla tabaquil, y un reloj amarillo con un mono dibujado enseñando la lengua, de cuyo pecho salía una aguja indicando las 12h en punto. No cabía duda alguna.

Siempre me han gustado los bares así, con poca luz y lámparas bajas que dejan sinfín de recovecos oscuros perfectos para una imaginación ávida como la mía, con sutiles cortinas de humo que dejan entrever los personajes que hay detrás, y el “Flores rotas” tenía todo eso por lo que era mi bar favorito. De fondo sonaba un denso “Dirty slow blues”.

En un esfuerzo casi inhumano, intentando recordar que hacía o que me había llevado allí, traté de incorporarme. Entre un amplio surtido de rones intenté ver mi silueta, al otro lado del espejo del muble bar. Sombrero, gabardina, camisa, tirantes,... ¿Qué coño hacía yo vestido así? Es más ¿Qué coño hacía todo el bar vestido de época? Pero hay cosas que a veces es mejor no tratar de explicar y más cuando mi principal problema era tratar de acordarme que hacía yo allí, y de recuperar una verticalidad un tanto precaria, debido, a buen seguro, a la colección de vasos (una ajuar al completo) que había enfrente mío.

Un movimiento maquinal, como si respondiera a una llamada, hizo girarme hacía un lugar donde supongo que ya presentía, de alguna manera, la presencia de Alguien.

Hay ciertas personas que, en el mismo instante en que las conoces, sabes que van a entrar a formar parte de tu vida.

Si, en la época en que “n o s é q u i e n” hizo la escultura de “El pensador”, se hubiese fumado, y hubiese elegido esta postura como inspiración, la hubiese escogido a ella.

Unos labios concienzudamente embalsamados en carmín chillón, una preciosa mirada pensativa, dos orejas y una céntrica nariz que lo supervisaba todo, formaban el conjunto de su cara. Llevaba una blusa negra estampada con unos pájaros marrones que parecían petirrojos, o no, colibríes,... no, no, garzas,... quizá un albatros común,... bueno, pájaros a fin de cuentas. Vestía, también, una falda blanca con una cruel obertura hasta mitad de muslo, que había provocado varias guerras mundiales, restando protagonismo a asuntos más “nacionales”. Allí se entreveía un “lligacames”, que provenía de misteriosos y mágicos parajes, y que sujetaba una media de rejilla que acababa en unos zapatos cuyo tacón tenía una altura desde la que muchos locos románticos han intentado suicidarse. Los sinuosos bucles de su pelo se mezclaban, entrelazándose, con las caprichosas formas en que terminaba el hilo de humo de su cigarrillo, pareciendo, a veces, formar parte del mismo conjunto.

O muy interesada estaba en una colilla del suelo de la otra parte de la barra, o estaba francamente pensativa.

El fin del primer Novel obligó a la chica a explorar su bolso en busca de una rápida continuación. Lo cogió con experimentado estilo y lo llevó hábilmente a la boca en la repetición 102.167 de su vida. Pareció buscar algo y me miró, como el que mira tres metros más atrás.

Puse mi mejor semblante y me encamine hacía ella, podría decir raudo y presto, aunque no fue así. Busqué un mechero en el bolsillo de la gabardina, y me pregunté ¿Qué hacía yo con un mechero si no fumo? ¿Cómo sabía que había un mechero en la gabardina? ¿De quien leches era ese atuendo? ¿Y porque los números primos son divisibles sólo por si mismos?

De repente levante la vista sorprendiéndola preguntándose con la mirada que era lo que yo me preguntaba. Alcé la ceja derecha y dije:

- ¿Cómo te llamas?